Climaterio (2)

Cuando pensamos en la menopausia, lo primero que nos viene a la cabeza son los sofocos, insomnio, cambios de humor, sequedad vaginal, pérdida de memoria, irritabilidad, flacidez, disminución de la libido… ¡UN FESTIVAL!

Todos estos síntomas, y muchos más que son reales Y TRANSITORIOS son los que nos hacen pensar en la menopausia como en una “enfermedad” carencial  y no un proceso natural.

En 1920 la esperanza de vida de la mujer española era de 40 años y en 1930 de 51,6. Si la menopausia (última menstruación) ocurre alrededor de los 50 años, nos damos cuenta de que es un  proceso que empezaron a experimentar las mujeres hace “relativamente” poco. Si, además, la esperanza de vida de las mujeres eran los 51 años, se asoció de manera circunstancial la menopausia con la muerte,  la enfermedad; con nuestro fin. Y aunque hoy, conscientemente, sabemos que únicamente es el fin de nuestra vida fértil, muchas mujeres viven esta fase como si realmente fuera una dolencia, con temor por lo que vendrá, como si a partir de ahora lo que nos esperara fuera algo negativo, porque aquella asociación (menopausia-muerte) todavía pervive en nuestro inconsciente.

Y aunque es verdad que todas las mujeres tendríamos que hacer un duelo por lo que dejamos de ser, no es necesariamente malo en lo que nos vamos a convertir, sobre todo  si nos responsabilizamos de esta etapa. Actualmente encontramos muchas voces de mujeres que están o han transitado el climaterio como una etapa muy potente de crisis  pero con cambios muy placenteros. Dice Christiane Northrup en su libro “La Sabiduría de la Menopausia” que la biología quiere que las hembras de la especie humana aseguren la continuidad de la especie, por lo que nuestras hormonas, durante nuestra etapa reproductiva, se configuran para facilitarnos el papel de “nutridoras” y el  de cuidadoras de lxs otrxs, hasta que comienza el climaterio, momento en el que nuestro cuerpo y nuestro cerebro comienzan a experimentar un nuevo cambio hormonal, que nos facilita cambiar la mirada hacia nosotras. Es como si la naturaleza nos dijera “ya habéis contribuido con la especie, ahora os toca a vosotras”. Y cuando empezamos a mirarnos, y a mirar también nuestro alrededor comienza la crisis.