El deseo y la mala educación

La sociedad en la que vivimos ha propiciado que los hombres tengan más libertad a la hora de vivir y expresar su sexualidad que las mujeres, por lo que también se les ha atribuido mayor deseo sexual.

Desde bien pequeños, cómo nos enseñan a relacionarnos con la sexualidad es bien diferente entre niños y niñas. Mientras que la familia se ríe, incluso celebra  cuando un niño juguetea con su pene porque lo tiene rígido (conducta exploratoria), a las niñas se las regaña, incluso se les aparta (bruscamente) la mano de la vulva cuando la están explorando. Estos gestos y conductas tan habituales y tan normalizadas, son las que comienzan a “maleducarnos” en la sexualidad, pues son las que nos dicen esto sí o esto no o TÚ SI y  TÚ NO.

También ocurre que los hombres, por la anatomía de sus genitales, tienen contacto diario con ellos aunque solo sea para hacer pis, sin embargo la anatomía de los órganos sexuales femeninos es interna por lo que la relación con ellos no es tan cotidiana ni está tan normalizada.

En la adolescencia, los chicos continuarán con esa normalidad y la masturbación será algo esperado en ellos. Lo harán con mucha naturalidad, será tema de conversación en el colegio y en el instituto, se bromeará sobre ello, incluso competirán de forma sana. Las chicas, por el contrario, no lo gritarán en el patio del colegio, ni bromearán sobre ello, ni mucho menos competirán. Las que lo hagan guardarán silencio, como si hubieran hecho algo mal. Por qué si recordáis cuando eran niñ@s se celebró que ellos jugaran con su pene y se castigó que ellas se tocaran la vulva, y esto pervive en su inconsciente.

Si continuamos avanzando en nuestra mala educación nos encontramos, que recibimos mensajes tan desajustados como (si eres chico) “¡Que guapo!, tendrá a todas las que querrá”, “¿Este?, ¡Ya verás, será un ligón!”, “Un Don Juan…”. Mientras que las chicas escucharán  “tienes que ir con cuidado”, “te puedes quedar embarazada”, “los chicos solo quieren sexo…”, “pensaran que eres…”. Es decir que mientras a ellos se les anima y se les continúa dando permiso para desear, a las chicas se las asusta y les muestran la sexualidad como algo peligroso; por lo que tienen que aprender a dejar de desear. Cuando llegamos a la adultez toda esta “mala educación” ya nos ha condicionado mucho. Mientras (la mayoría de) ellos hablaran y se relacionaran con todo aquello que tenga que ver con la sexualidad de una forma más libre, formando parte de su identidad, mostrándola en sus relaciones sociales, bromeando y presumiendo de cosas que en ocasiones no serán verdad;  (la mayoría de) las mujeres seguirán silenciándola, relegándola a un plano muy residual de sus vidas, cumpliendo con el mandato social de “no es propio de una mujer que tenga deseo sexual”