Una de las demandas más habituales en la terapia sexual de pareja es el DESEO. En el imaginario colectivo una buena relación sexual es que aquella que surge de forma espontánea, es decir aquella en la que el deseo siempre está presente. Y esto no siempre es así.
Si pensamos en el enamoramiento, es verdad que en esta fase de la relación hay muchísimo deseo gracias a nuestras hormonas. La atracción que experimentamos hacia nuestra pareja es enorme y esto tiene que ver mucho con la biología. No importa la hora que sea, el lugar EN EL que nos encontremos, si estamos cansados o tenemos hambre… Parece que siempre sea un buen momento para la sexu&lidad. Pero el enamoramiento tiene fecha de caducidad (un año y medio l@s más afortuna@s), y a partir de ahí todos regresamos a nuestro patrón de deseo habitual, es decir al deseo que nos define.
Además del enamoramiento existen otras muchas variables que afectan a nuestro deseo como nuestra edad, si tenemos o no pareja, si esta es de larga duración, la responsabilidad profesional, el estrés, las preocupaciones, el momento vital… Son variables que no solemos tener en cuenta y que influyen tremendamente en nuestra sexualidad provocándonos grandes frustraciones, porque en nuestra fantasía nuestro deseo siempre va a ser el mismo.
Cuando el deseo sexual no aparece como nos gustaría, con la facilidad y espontaneidad con la que lo hacía tenemos que crearlo. Porque no es como nos enseñaron “y fueron felices y comieron perdices”. Nos guste o no, la mayoría de las veces sentimos deseo porque hacemos cosas para activarlo consciente o inconscientemente. La forma en la que nos relacionamos con nuestra sexualidad, la forma en la que la estimulamos determinará nuestro deseo. Por ejemplo las personas con más deseo sexual suelen tener una serie de hábitos que lo favorecen como dedicar tiempo a pensar en él con cierta frecuencia. El ritmo de vida que llevamos actualmente, un ritmo de mucha activación, no nos deja espacio ni tiempo para que la sexualidad surja de manera “espontanea”, por lo que pensarla y fantasear con ella, (por ejemplo, con un encuentro con nuestra pareja si la tienes) suele hacer que se active el deseo.
Encontramos también que las personas con un deseo más elevado son personas que suelen estar a gusto con su cuerpo, que viven la sexualidad cómo algo legítimo, que se dan permiso para pedir lo que les gusta y para preguntar a la otra persona lo que les gusta.
Todas estas cosas que acabamos de mencionar, que solo son algunas, son habilidades que pueden aprenderse, entrenarse, quiero decir que no son imposibles. Así que si tienes algún conflicto con tu deseo o tu deseo es un conflicto en tu relación de pareja, la buena noticia es que se pueden hacer muchas cosas para mejorarlo.
